No necesariamente. Contrario a lo que es común suponer, es mucho mejor tener un profesor entrenado en lingüística aplicada (enseñanza de idiomas) a uno sin entrenamiento, aunque sea nativo de la lengua que enseña o lengua meta. De nada sirve que el profesor tenga la pronunciación de un nativo si no sabe enseñar esa pronunciación, ni sabe hacerse entender por estudiantes de nivel básico, ni conoce las técnicas pedagógicas para incentivar la producción en los estudiantes.

La adquisición de las habilidades lingüísticas no se contagia: se construye. Muchas escuelas “patito” anuncian que tienen maestros nativos, pero contratan de la calle a cualquier turista o residente, a menudo sin formación docente ni visa de trabajo, que, a pesar de su mejor esfuerzo, carece de las habilidades para la enseñanza de un segundo idioma. En el CIS contamos con una planta docente multilingüe, multicultural y capacitada. En el programa de inglés, por ejemplo, ser nativo no es un requisito para nuestros profesores, pero sí lo es estar capacitado y recibir actualización constante en la lingüística aplicada.